Por Amanda Rowoldt

En febrero de 2025 vi algo que nunca olvidaré.

Una enorme nube de humo negro y espeso salía de una planta  que quema residuos plásticos en el condado de Licking, a unos 40 minutos al este de Columbus, Ohio. El humo era tan denso que se veía a kilómetros de distancia.

Al estar sentada en mi auto cerca de la planta, empecé a sentir náuseas, seguidas de mareos y un dolor de cabeza agudo y punzante. Los síntomas aparecieron rápidamente y, al poco tiempo, me di cuenta de que tenía que irme de ahí.

Pero mientras manejaba para alejarme, me invadió otro sentimiento: la culpa.

Podría irme, subir las ventanillas, volver a casa y alejarme de lo que fuera que hubiera en el aire ese día. Pero las personas que viven cerca de esa planta no tienen esa opción. Los residentes de las comunidades cercanas como Hebron, Union Township y Licking Township respiran ese aire todos los días.

Al día siguiente, me reuní con un representante estatal de Ohio. Le mostré el video que grabé y le describí lo que vi. Su respuesta fue inmediata: “Eso no se ve bien”.

Poco después, la Agencia de Protección Ambiental de Ohio realizó una inspección. Determinó que la instalación había violado su permiso  de emisiones atmosféricas al emitir niveles excesivos de contaminación por partículas, algo que puede tener graves consecuencias para la salud. Desde entonces, la planta ha seguido recibiendo avisos de infracción por el mismo motivo.

La empresa dueña y operadora de la instalación afirma realizar un proceso llamado “reciclaje avanzado”. Pero este proceso no es ni nuevo ni avanzado… y tampoco es reciclaje. Consiste en la quema de residuos plásticos, una práctica que desde hace tiempo está regulada como incineración de desechos sólidos bajo la Ley de Aire Limpio para proteger la salud y limitar las emisiones de partículas, metales pesados y otros contaminantes tóxicos.

Para las comunidades cercanas, la contaminación del aire no desaparece así sin más. Se descompone en partículas cada vez más pequeñas, que con el tiempo terminan formando parte del aire que respiran, del polvo que se acumula en sus hogares y del medio ambiente que las rodea.

Y, cada vez más, se convierte en parte de nosotros.

A unas tres millas a favor del viento de la instalación hay varios colegios de la zona: una escuela primaria, un instituto de secundaria y un instituto de bachillerato. La escuela primaria está designada como centro “Purple Star” y atiende a familias de militares.

Estos niños no solo están expuestos al aire contaminado, sino que están creciendo en un mundo donde los microplásticos se están haciendo inevitables.

Hoy en día, casi todo el mundo tiene microplásticos en el organismo.

Los investigadores han detectado fragmentos de plástico en el cerebro, la leche materna, la placenta, el popo de los bebés, los testículos, el semen, la sangre, el corazón, los pulmones, el hígado, los riñones, la orina y la saliva. Estas partículas no solo pasan a través de nuestro organismo, sino que también se acumulan.

Los microplásticos suelen contener sustancias químicas nocivas como los ftalatos, PFAS, también llamadas “químicos perpetuos”, y metales pesados. Sustancias relacionadas con el cáncer,alteraciones  hormonales, problemas reproductivos y daños neurológicos. Algunos científicos advierten que estas partículas pueden actuar como “sistemas de liberación lenta”, liberando continuamente  toxinas en el organismo a lo largo del tiempo.

Este es el lado que no vemos de la contaminación por plásticos.

No se trata solo de lo que podemos ver, como el humo que vemos saliendo de una planta. También se trata de lo que no vemos: las partículas microscópicas que viajan a través del aire, el agua y nuestros cuerpos, acumulándose silenciosamente con el tiempo.

Como madre, esta realidad es realmente inquietante.

No estamos hablando sólo de la contaminación que está “allá afuera”. Estamos hablando de la contaminación que ya se encuentra dentro del cuerpo de nuestros hijos y dentro de  nosotros mismos.

Y experiencias como esta dejan claro algo más: la contaminación del aire, los residuos plásticos y el cambio climático no son problemas separados. Están profundamente vinculados con nuestra salud.

Por eso necesitamos que nuestros líderes actúen.

Necesitamos protecciones estatales y federales más fuertes que prioricen la salud de nuestras familias, especialmente la de nuestros hijos. Y las familias necesitan protección frente a la contaminación del aire causada por la quema de plásticos. Porque lo que sucede en el condado de Licking no se queda en ese condado, viaja por el aire, llega a  nuestras comunidades y, cada vez con más frecuencia, termina dentro de nuestros cuerpos.

Las familias de Ohio merecen respirar aire limpio y nuestros hijos merecen un futuro más saludable.

Amanda Rowoldt es una organizadora de Ohio de Moms Clean Air Force. Es experta en políticas públicas especializada en crear puentes entre diversos actores para impulsar temas complejos, pero fundamentales.

 

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